Un fuerte olor asciende del río. La noche da paso a los primeros albores de luz, un destello rojizo precede el amanecer, e ilumina el cielo cargado de estrellas, magia y sueños ancestrales. Porque fue aquí donde comenzó todo. Detrás de las montañas de la luna, surgen los afluentes de nuestro maravilloso Nilo. Resguardan el paraíso donde se cree comenzó la vida misma, donde nace el agua llena de ese limo requerido para irrigar, dar fertilidad a nuestras tierras para recibir sus frutos. 

Nuestro pueblo le debe al río su gran ingenio y su intelecto. A través de los siglos lo ha  domado. Se le adora como a un Dios,  y es también un demonio. Al paso del tiempo lo hemos encauzado. Logramos calcular la llegada de su crecida, preverla, prevenirla, regularizamos su cauce, nos hemos defendido construyendo diques, lo aprovechamos al tomar el agua para adentrarla y fertilizar nuestra otrora árida tierra. Construimos canales y terraplenes para recoger su limo. Eso nos lleva a pensar, ejercitar la mente para diseñar sistemas y así controlar su cauce. Para hacerlo, es necesario dominar la escritura, saber de numeros, conocer a la perfección la influencia de los astros mediante la observación. Construimos grandes obras para el beneficio de todos los pobladores de estas tierras. 

Mi padre José, llega a ellas hace algunos años como esclavo. Vendido a traficantes por sus hermanos y adquirido por mi abuelo Potifar, padre de mi madre y sacerdote egipcio en la corte de nuestro Faraón: originario de Canaan, quién conquistó con sus ejércitos Egipto hace unos pocos años, instaurando la capital en ésta ciudad de Avaris, donde ahora vivimos y aún estamos construyendo. 

Mi Abuelo, sacerdote egipcio del sol, reconoce el talento de mi padre y lo nombra administrador de sus bienes. Nada es fácil en las relaciones humanas, mi padre es una persona con gran presencia, y eso deslumbra a la esposa de mi abuelo, quién  trata de seducir a mi padre. Al negarsele, Ella lo acusa y es encarcelado.  Aún en prisión el Señor está con él, relata mi padre, no dejó de mostrarle su amor, se mantuvo a su lado dandole compañía y consiguiéndole favores. Se ganó con facilidad la confianza del guardia de la cárcel y este lo puso como encargado de todos los prisioneros y de todas las actividades realizadas en dicho lugar.

Un día, llegan presos dos funcionarios del palacio del Faraón. Algunos días después de su llegada, mi padre los nota inquietos, se acerca y en la conversación le cuentan un sueño cada uno y le piden ayuda para interpretarlo. El primero en narrar el sueño es jefe de coperos en palacio y platica como una vid con tres ramas comenzó a florecer y produjo uvas. Se vio a sí mismo sosteniendo la copa del Faraón, exprimiendo uvas antes de entregarle la copa. Alégrate amigo, le dice mi padre, en tres días serás perdonado y regresarás a tu trabajo con el Faraón. No me olvides, le pide,  cuando veas la oportunidad, intercede por mí ante tu jefe.

Le toca el turno al panadero, quien lleno de valor, después de escuchar la interpretación de su amigo, platica como en su sueño, él se había visto con tres canastas de pan sobre su cabeza. En la canasta de arriba había un gran surtido de repostería, pero las aves venían y se comían su contenido. Con tristeza le dijo mi padre: En tres días el Faraón te mandará a ahorcar, colgándote de un árbol. Las aves vendrán y devorarán tu cuerpo. El panadero hecho a llorar desesperado y al cabo de tres días sucedió tal y como José había dicho: el jefe de los coperos volvió a palacio, reinstalado en su trabajo y, como lo predijo, ahorcaron al jefe de los panaderos.   

José continua preso dos años más. Un día el Faraón se despierta inquieto debido a dos sueños muy intrigantes.  Convocó a todos los magos y sabios de Egipto, pero ninguno logró interpretar sus sueños. En ese momento, el copero del rey se acordó de mi padre. Le contó al Faraón cómo había interpretado correctamente su sueño y el del panadero dos años atrás, intrigado con la historia, el Faraón lo mandó a llamar. 

Al llegar a palacio, fue presentado en privado al Faraón, quién le contó de sus dos sueños: En el primero él se encontraba de pie junto al Nilo. De pronto vio siete vacas gordas y hermosas salir del río y se pusieron a pastar. Detrás de ellas salieron otras siete vacas muy flacas y feas y estas se comieron a las primeras. Aún así, ni engordaron ni se vieron más fuertes. En el segundo, continuó narrando, vio siete espigas de trigo grandes y hermosas salir de un tallo. Tras ellas brotaron siete espigas muy delgadas y quemadas. Las siete espigas delgadas se comieron a las más grandes, pero permanecieron igual de delgadas y quemadas.

Mi padre dijo entonces: Los dos sueños significan lo mismo, primero, el hecho de ser dos sueños, nos enseña como la voluntad de, El Que Es, ya está decidida. Vendrán siete años de abundancia seguidos de siete años de escasez y hambre. La gente no recordará la abundancia disfrutada en los años previos a esa terrible hambruna.

Mi padre tuvo la valentía de aconsejar al Faraón: debe encontrar a una persona sabia y competente para hacerse cargo de administrar bien Egipto. El propósito será usar sabiamente los recursos disponibles y acumular suficiente para los años de escasez esperados. Sus excelentes consejos dieron gran confianza al Faraón y este contestó: No encontraré a nadie más sabio. Tú serás el administrador de mi reino. Fue así como mi padre pasó de estar en la cárcel injustamente, a ser el gobernador de Egipto, dándole el Faraón en matrimonio a mi madre, ahora su amada y bella esposa. 

Yo nací poco después, crecí al lado de mis padres, de mi hermano mayor y de mi abuelo. Desconocía la historia y creencias de mi padre y su familia, sus conversaciones eran amenas y llenas de anécdotas, pero a sus familiares nunca los mencionaba, parecía como si realmente los hubiese olvidado. Finalmente durante la época de austeridad en Egipto, hace ya 17 años. De manera inesperada y con gran alegría nos introdujo a su familia. Mi abuelo, originario de Canaan, ya era viudo cuando llegó acompañado de mis once tíos, de mi tía y de otras familias. Jacob, se llama mi abuelo. Nos platica como había sufrido durante años al suponer muerto a mi padre. Finalmente, cuando la gran escasez azotó Canaán, envió a sus hijos a buscar alimento a Egipto, donde se sabía podrían encontrar grano. Sin saberlo, mi padre administraba la distribución de los granos y se encuentran en el mercado, pero sus hermanos no lo reconocen. Mi padre los prueba: todos ellos, excepto el más pequeño, habían cometido graves faltas en contra de él. Viéndolos arrepentidos los perdona y, con ese amor característico de él, los une y recupera su familia.

Esta mañana encontré a mi madre sentada en el patio meditando justo al salir el sol. Sin decirle nada, sin interrumpir su oración, decidí unírmele. Su padre le había enseñado esa costumbre de levantarse temprano a recibirlo diariamente. El lugar elegido permitía sentir el calor de ese primer rayo. Marca el inicio de cada día. Ella es muy bella, su tez morena y grandes ojos negros me cautivan, su cuerpo resplandece cuando medita. 

Al terminar su oración advierte mi presencia y con su amorosa sonrisa me invita a acompañarla a la terraza de nuestra casa, donde nos espera un delicioso jugo. Esta mañana la noto preocupada por mi abuelo: tu padre salió muy temprano a visitarlo, me dice.  Debes encontrar a tu hermano mayor, insiste mi madre: ambos deben llegar a donde tu abuelo, pues los está esperando. Busco entonces a mi hermano para acudir cuanto antes a la casa de Jacob. Al llegar, sin notar nuestra presencia, escuchamos a mi abuelo y a mi padre animados, conversando sobre la historia de nuestra familia, comenzando con Abraham: El Que Es, decía, había colocado una semilla nueva en él, una semilla diseñada para permitirle habitar en el cuerpo humano y gozar del mundo material conservando su esencia. 

Encomendó a Abraham esparcir la semilla a todas las familias del mundo. El nombre original de mi tatarabuelo era Abram y significaba padre de un pueblo, El Que Es, lo llamó Abraham, convirtiéndolo en el padre de las naciones, de todas las familias del mundo. Al principio nada sucedía, él y su esposa Saraí, pasaron años sin tener descendencia. Ella llegó a creerse estéril, por lo cual, pidió a su esposo, embarazase a su esclava. Ella adoptaría ese hijo para permitirle comenzar a esparcir su nueva semilla. Es la misión más importante jamás encomendada a nadie, la semilla deberá colocarse en todo ser humano de la tierra, le decía. De la relación con Agar, su esclava egipcia, nació ese hijo llamado Ismael, padre de una gran nación, platicaba mi abuelo.

El Que Es, prometió a Abraham otro hijo con su esposa. Como ya eran muy mayores, él incrédulo sonrió. En recuerdo a ese momento, llamó al hijo nacido de esa promesa: Isaac, el que hace sonreír. Ese hijo fue considerado primogénito, pero la misión de esparcir la semilla es para ambos, Ismael e Isaac, y así lo han hecho, sembraron la semilla en su descendencia y sus hijos a su vez, la sembrarán en las suyas, cuando todo ser humano la tenga, nuestra semilla germinará y todos seremos uno con el creador.

Isaac tuvo gemelos, el mayor, Esaú, vendió su primogenitura a mi abuelo por una sopa de lentejas. Al darse cuenta de su grave error se arrepintió. Jacob, con ayuda de su madre, engaña a Isaac para él recibir la prometida bendición. Su hermano nunca se lo perdonó.

Jacob, el que miente, es amenazado por su hermano y huye, pasa mil peripecias por su mentira. Finalmente, convertido en su guerrero, El Que Es, le da el nombre de Israel, el que lucha con Dios. Tuvo doce hijos varones, el mayor de nombre Rubén y el menor Benjamín. Además, tuvo una hija llamada Dina, para un total de trece hijos. La historia de nuestra familia está llena de pasiones, incluso mi padre fue vendido como esclavo por sus propios hermanos.

Mi abuelo quiere adoptarnos como hijos a mi hermano y a mí. Está diciendo eso, cuando nota nuestra presencia, él ya no ve bien. Pregunta entonces: y estos, ¿quiénes son?. Son tus nietos le dice mi padre. Acércalos para hacerlos hijos míos dando mi bendición a ambos. Mi padre voltea y me dice al oído, híncate a su lado izquierdo, deja el derecho para tu hermano mayor. Acatando su orden me coloco a su izquierda y al estar los dos hincados, mi abuelo cruza sus brazos colocando el derecho en mi cabeza. Mi padre visiblemente molesto le reprende y le dice: padre así no, Efraín es el menor, debes colocar tu mano derecha sobre Meneses, el mayor. Mi abuelo le contesta: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él será engrandecido; pero su hermano menor será aún mayor y su descendencia formará multitud de naciones gentiles.

Mi abuelo Israel pidió estar a solas conmigo, yo aún sorprendido por todo lo ocurrido, me senté a su lado y me dijo: Hijo mío, cuando nuestros padres comieron del fruto del árbol de la vida en el Edén, dio inicio la creación del universo para el goce de nuestro creador. Lo creado antes de nuestros padres, sucedió en un instante para ellos, quienes, con ese mordisco, comenzaron el proceso necesario para evolucionar nuestros cuerpos y convertirlos en morada de El Que Es. La semilla está lista, ya todo fue probado y El Que Es la colocó en Abraham nuestro padre, quién nos trasmite a sus descendientes la misión de sembrarla en todo ser humano de este mundo, por eso él será padre de todas las familias de la tierra. 

Tu no pertenecías a mi pueblo, hoy, tu padre, al permitirme tomarte en adopción, te transfirió los derechos de primogenitura de nuestra familia, recibiste la doble herencia, obteniendo con ello además la doble nacionalidad y eso dará sentido a tu nombre: Efraín significa doblemente fructífero: nuestro fruto es el olivo, el cual se da en nuestro árbol familiar. Su aceite nos da la luz de nuestras lámparas. El árbol está conectado directamente a la raíz y, ésta se esparce poco, pero tiene una capacidad inusual para extraer el agua y sostener las ramas en donde la savia corre y nos da prosperidad, perpetuidad, fortaleza, fecundidad, abundancia y bendición.

Tu madre egipcia te heredó su nacionalidad y eso te da sentido de pertenencia entre las naciones paganas del mundo entero. El fruto representativo de tu pueblo, es el higo. A pesar de no poderse germinar en esta tierra, tus ancestros egipcios se apoderaron de una especie, cuyas avispas polinizadoras nunca habían llegado aquí, algo faltaba y eso impedía se produjesen higueras maduras. Engañaron a la higuera sacándole un tajo con un cuchillo para madurarla, convirtiendo al higo en el gran alimento de tu nación. Entrenaron monos para trepar árboles y cosecharlos y así traer a nuestra mesa ese fruto delicioso. Llegado el tiempo de la cosecha, se producirá de muchas formas en todo el mundo, convirtiéndolo en símbolo de unidad, en la diversidad.  Sus raíces colgando representan el desarraigo necesario para lograrlo.

Tus descendientes creerán perdido el favor de El Que Es.  Es parte de su aprendizaje y, en su momento, lo comprenderán y se transformarán como la oruga, para convertirse en mariposa y así, unidas las familias del mundo, podremos volar. Ve con tu abuelo Potifar quién te explicará cómo circuncidar tu corazón para activar tu semilla y andar como Enoc con El Que Es, quién llenará tu corazón con la sabiduría necesaria para dar continuidad a éste gran plan.

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