Babilonia, ciudad de mi destierro, fuimos conquistados y deportados a ésta ciudad. El jardín está lleno de árboles y plantas exóticas, cuya apariencia evoca las montañas de la florida tierra de nuestra reina Amitis, tan diferentes de las grandes llanuras de los alrrededores de nuestra ciudad. Contemplo el río Eufrates desde lo alto en la terraza, ubicada al lado de un estanque lleno de aves, desde donde corren varios arroyos irrigando el jardín. Me acompaña Beltsasar, descendiente de Judá, antes conocido como Daniel. Muy querido por el rey Nabucodonosor a quién le interpreta sus sueños.

El tema de la conversación lo entusiasma: hace unos días me runí con personas muy cultas de nuestro pueblo, me decía, discutimos infinidad de temas de nuestra historia en relación con El Que Es. Estamos escribiendo la Torá, transmitida hasta ahora por nuestros sabios de boca en boca, los rollos escritos permitirán guardar de forma segura todo éste legado.

Platicamos también sobre las terribles guerras por las cuales nos encontramos desterrados. Jerusalén fue arrasada y destruído el templo. Al salir de Egipto éramos nómadas, nos adaptabamos a las inclemencias del desierto de la mano de El Que Es. Claro, también sufríamos de graves dificultades. Una gran mayoría de nuestro pueblo no entendia eso de vivir bajo su tutela. La vida era plena, me comenta, nos alimentabamos de un alimento celestial, pero para ser nutridos con él, debiamos ser uno con El Que Es. Poco a poco fuimos perdiendo ese gran amor, buscando engrandecer nuestro ego, primero comenzando a practicar la agricultura masiva, después conquistando ciudades y finalmente olvidandolo casi por completo. Nos creiamos invencibles. Ya nada nos detendrá, deciamos, sólo nos hace falta un rey.

Recordamos entonces a Samuel, el último de los jueces y gran profeta en aquellos tiempos, cuando hablar de Jerusalén era un sueño, una promesa sin cumplir. Él comienza una nueva historia, quedaron atrás la gestación y preparación del ser humano. Nuestro cuerpo físico está listo, El Que Es guía nuestro andar para esparcir la semilla plantada en Abraham. Se nos va revelando nuestra misión, nuestras leyes y nos percatamos cuan débiles somos para cumplirlas. Decimos amar a El Que Es, pero no es suficiente, nos ganan la codicia, el ego y demás valores humanos. El nacimiento de éste hombre es ya un regalo de El Que Es a su madre Ana, quien promete entregarlo a Geová, estableciendo desde niño, un trato directo con él.

Nuestros hermanos entonces lo buscan, le quieren hacer ver como, para engrandecer el reino de Israel y sus doce tribus, se requiere un rey. No podemos seguir siendo débiles, requerimos un lider, decian, un rey para pelear y conquistar nuestra tierra como lo hacen otras naciones. Y eso pedimos a Samuel.

Con gran disgusto, el Profeta convoca a El Que Es, quién, al acudir nota su preocupación y le dice: dale a tu pueblo su petición, no es a ti a quién rechazan, es a mí , no quieren mi reinado sobre ellos.

Llevabamos años luchando para conquistar estas tierras, acumulamos riquezas, sentimos el poder de nuestra lucha, comenzamos a pelear para demostrar cuan superiores somos. Nos creemos dueños del botin de la guerra y así, poco a poco, comenzamos a adorar el dinero, los bienes materiales. Nos olvidamos de El Que Es. 

Samuel entonces reune al pueblo y le dice: así hará su rey al reinar sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, los hará correr delante de su carro, nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a arar sus campos y segar sus mieses. Fabricarán sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros. Tomará también a vuestras hijas y serán perfumadoras, cocineras y amasadoras.  Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos. Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para darlos a sus oficiales. Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos. Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey elegido por vosotros, mas Jehová no os responderá en aquel día.

Nos fue revelado como seríamos vasallos serviles de nuestro rey. Queriamos serlo, seríamos ricos robando y destruyendo ciudades enteras y aunque repartiriamos el botín, algo nos llegaría. Decidimos entonces nombrar un rey sin importar las consecuencias; Cada día tenemos ésta conversación, podemos mantenernos al lado de El Que Es o podemos elegir ser esclavos del mundo, somos libres de elegir y él lo sabe y al final nos dice: aquel día, nos vamos a arrepentir,  y ya no encontraremos su respuesta. 

Elegimos a Saúl como nuestro rey. Nos sorprende cuando usa su poder en nuestra contra. Nos quita nuestras riquezas  como profetizó Samuel. Algunos lo rechazamos, nos encontramos luchando por consolidar el reino divididos, como era de esperarse. 

Finalmente El Que Es unge a David quien nos convierte en el pueblo unificado de Israel y sus doce tribus. El Que Es le promete: Tu decendencia y tu reino siempre estarán presentes ante mí, tu trono estará firme hasta la eternidad. Cuando mueras, el templo será construido por tu hijo, le dice. El Templo y el reino se relacionan, El Que Es se refiere a un templo y a un reino eternos ligados y estables para siempre, esa es la promesa hecha a David. Al morir hereda ese reino unificado a Salomón, El Que Es lo Ama cómo a su padre, es el primer y único sucesor del reino humano unificado de Israel. 

Bajo su reinado construye el primer templo para El Que Es. Salomón le pide sabiduría para consolidar el reino, multiplica sus riquesas convirtiendose en un rey muy poderoso.  Se construye para sí un palacio más grandioso al comapararlo con el templo. Nos obliga a trabajar para sus grandes obras y a pagar más tributos. Nos convierte en sus esclavos. Su sabiduría le lleva a evitar las guerras, logrando tratados con otros reinos. Los sella con distintos y muy sabios matrimonios, llegando a tener 700 esposas y 300 concubinas. La mayoría de ellas extranjeras y con tradiciones propias. Les construye templos para sus dioses e incluso acude con sus mujeres a adorarlos. Salomón era conocedor de la Torá y sabía claramente su incumplimiento. Nada de eso se esperaba de un rey elegido por El Que Es.

Tanta lucha, tanto ego, tanta riqueza pierden al rey, su actuar lo envilece y hiere a nuestro pueblo. Ahias, uno de nuestros profetas, toma su capa y sale al encuentro de Jeroboam, oficial al servicio de Salomón. Se reunen en el campo y el profeta se quita la capa y la corta en doce cuadros, le dá 10 a Jeroboam y le dice: el reino unido será dividido como la capa, tu recibirás las 10 tribus del norte y Roboam, hijo de tu rey, recibirá las tribus de Judá y Benjamín y eso únicamente por el gran amor de El Que Es por David, su abuelo.

Jeroboam es perseguido por Salomón. Se esconde en Egipto y aparece a la muerte del gran rey. Las tribus de Judá nombramos a Roboam sucesor del trono. Los representantes de las tribus del norte le piden disminución de carga impuesta por su padre. El recién nombrado rey de Israel pide consejo: sus Ancianos recomiendan complacerlos. Los jóvenes de su generación le incitan a no mostrar debilidad, le sugieren ser mas duro. Él entonces decide tratarlos  con firmeza, imponiendo una carga mayor. Eso provoca la separación de los dos reinos. Después de luchas interminables, las 10 tribus del norte o tribus de Efraín, establecen un nuevo reino, con Samaria como su capital. Eligen cómo su  primer rey a Jeroboam, tal como lo había predecido el Profeta Ahias, quedandose Roboam con las tribus del sur, cuya capital es Jerusalén. 

El templo estaba en esa ciudad. Eso invita a las tribus divididas a venir a nuestra tierra y reunirnos para festejar las fiestas de nuestro pueblo. Jeroboam decide cambiar las tradiciones de nuestros hermanos. Construye otros templos con becerros de oro en dos de sus ciudades (Dan y Betel). Evocando aquellas figuras adoradas en el desierto.

En estos tiempos difíciles, El Que Es elige profetas para exhortarnos a dejar la idolatria. Debemos mantener el pacto. Nos retaban y llamaban a la conversión. No escuchabamos, incluso  pasaron 20 reyes nefastos en el norte, todos ellos acompañados de grandes profetas realizando el llamado a nuestro pueblo, nadie  escuchaba. De los 20 reyes del sur, sólo 8 fueron mejores.

Los sacerdotes de los templos de piedra, promueven la adoración a dioses de piedra, conservando con ello la esencia de sus templos. El Que Es nos conduce a conocer y actuar con la verdad. El único templo es nuestro cuerpo, donde él habita. Los profetas han sido portadores de su palabra, realizaban prodigios, verdaderos milagros. Si hubiesemos atendido su llamado, seriamos capaces de hacer lo mismo. Aún con sus muestras de poder, de grandeza, decidimos ser esclavos de nuestros gobernantes y sacerdotes. 

Algunos de mis antepasados, pertenecientes a las tribus del norte, se mudaron a Jerusalen para acudir al templo. La mayoría se quedaron en nuestro reino siguiendo las reglas de esos gobernantes y sacerdotes. Luchaban internamente por imponerse, convirtiendo este periodo de los reyes en un mar de sangre.

El poderoso Imperio Asirio, platica de nuevo Daniel, siendo Óseas el rey del norte, los conquista, destruye sus ciudades y los manda al Exilio, los obliga a mezclarse con otros pueblos, esparcen sin saberlo su semilla. Olvidan sus origenes y terminan por perderse entre las naciones del mundo. Eso dá continuidad al plan encomendado a Efraín por Israel, su abuelo y padre adoptivo. La mayoría lo ignora. Es una difícil tarea y requiere grandes sacrificios. Todos esos hombres pertenecen a nuestro pueblo y aunque lo desconocen, llegará el día cuando sean convocados de nuevo y entonces recordarán su misión. Ya no serán parte de las naciones, seremos todos una gran familia universal. Todos los seres de la tierra portaremos la semilla, todos seremos elegidos, dejaremos de ser mentirosos como Jacob, para luchar de su lado y ser todos un solo pueblo.

Los Asirios tocaron las murallas de Jerusalen, me comenta de nuevo Daniel, Ezequias, nuestro rey, pide humildemente la unidad de nuestro pueblo con El Que Es. Nos unimos todos con fé y eso salva la integridad de la ciudad.

Pasados unos pocos años, siendo Manasés quién nos gobierna. Convoca a sus sacerdotes para convertir nuestro Templo en lugar de adoración a otros dioses. Olvidamos esos momentos de gloria cuando unidos cumplimos la voluntad de El Que Es. Nuestros sacerdotes colocan estatuas dentro del templo, sacrifican niños. Los profetas se acercan y predicen la caída de nuestro reino. Llegamos al punto sin retorno. Estando yo en Jerusalén, me comenta Daniel, llegan los ejercitos de Babilonia comandados por Nabucodonosor. Siembran pánico y destrucción, el miedo nos lleva a la perdición, no somos capaces de unirnos entre nosotros, menos aún de pedir ayuda a El Que Es. Destruyen nuestra ciudad hasta sus cimientos sin dejar nada habitable, incluido nuestro otrora grandioso templo de piedra. La mayoría de los habitantes son dispersados, sin darnos cuenta, seguiremos esparciendo nuestra semilla entre los pueblos y naciones del mundo.

Algunos fuimos traidos a ésta ciudad de Babilonia, mis tres mejores amigos: Ananías, Azarias, Misael y yo, conquistamos a Nabucodonosor, su rey, con sabiduría. Constantemente nos reune para consultar sobre temas trascendentes al conducir su reino, nos quiere cercanos a él. Formamos parte de su corte, comemos en su mesa, nuestras habitaciones cuentan con grandes lujos, camas suaves para descansar, frescas a pesar del calor exterior, nos ofrecen gran comodidad. Nos propuso construir un templo a nuestro Dios, lo cual no aceptamos. Quedó terriblemente turbado cuando le explicamos como nuestro cuerpo es templo habitado por Dios.  

Dio órdenes a su mayordomo debiamos dejar de comer como israelitas, debía alimentarnos como el gran rey. Negociamos con él, le demostramos como nuestros alimentos nos mantienen más saludables e incluso, gracias a esa prueba, nos consideran más eruditos, comparados con los demás consejeros.

Me dieron el nombre de Beltsasar otorgando a cada uno de nosotros apodos diferentes. Son nuestros nombres en ésta cultura, aunque sigo siendo Daniel, nadie me reconoce con ese nombre.

Hace algunos años, el rey solicitó a sus sacerdotes, brujos y hechiceros le adivinasen un sueño, si lo hacian, les pedía se lo interpretasen, si no lo adivinaban eran condenados a muerte. Tratando de evitar la muerte,  aseguraban imposible la existencia de alguien capaz de hacer eso. Le pedían al rey les describiese su sueño para poder interpretarlo. Él intuía cómo esos hombres no eran adivinos, mucho menos sabrían interpretar el sueño y entonces los mandó matar. Aryok jefe de la guardia, se presentó con órden de arrestarme para yo también ser ejecutado. Cuando me explicó el motivo, le pedí me diese un plazo para conocer el sueño e interpretárselo.

Estando apartado de los guardias entré en oración y pedí su ayuda. Inmediatamente El Que Es me develó y explicó el sueño de Nabucodonosor. Salí de mis aposentos y el jefe de la guardia me llevó ante él quien me cuestionó si yo era capaz de conocer su sueño, le respondí: Para adivinar su sueño, no hay sabios, magos, adivinos ni astrólogos con poder para revelarlo. Solo hay un Dios en el cielo quién descubre los misterios y él le ha dado a conocer, a mi rey Nabucodonosor, los sucesos esperados para el final de los tiempos. 

Estos eran tu sueño y tus visiones cuando estabas en tu cama, ¡Oh rey!: los pensamientos perturbadores en tu sueño, se refieren al futuro; Dios te revela los secretos, te los da a conocer. A mí me ha sido revelado tú secreto, no porque tenga una sabiduría superior a la de los mortales, sino con el fin de dar a conocer la interpretación de tu sueño.

Tú veías una estatua enorme, de extraordinario brillo y aspecto terrible y ésta se levantaba delante de ti. La cabeza de esta estatua era de oro puro, el pecho y los brazos de plata, las caderas y el vientre de bronce, las piernas de hierro, los pies parte de hierro y parte de loza. Tú estabas mirando la estatua cuando de repente una piedra se desprendió sin haber sido lanzada por ninguna mano, y vino a chocar contra los pies de hierro y loza de la estatua, haciéndola pedazos.  Todo a la vez quedó como polvo, el hierro, la loza, el bronce, la plata y el oro, como capotillo de la cosecha, y el viento se lo llevó sin dejar rastro. En cuanto a la piedra, al chocar con la estatua, se convirtió en un cerro muy grande, el cual llenó toda la tierra, tal fue tu sueño.

Ahora te lo voy a explicar: A ti, ¡oh, rey!, el más poderoso entre todos los reyes, Dios te ha dado el reino, el imperio, el poder y la gloria. Los hombres, los animales y los pájaros, sin importar donde habiten, los ha puesto Dios bajo tu mano. Dios te ha hecho su soberano y por eso, la cabeza de oro eres tú. Después de ti seguirá otro reino inferior al tuyo, y luego un tercer reino como el bronce, el cual dominará la tierra entera. Habrá un cuarto reino, él romperá todo como el duro hierro, el cual todo lo hace pedazos.

Lo de los pies y los dedos, parte de loza y parte de hierro. Habla de este reino, el cual va a ser dividido, y será en parte fuerte y en parte débil, unido en la persona de su rey, pero sus pueblos no se unirán, como el hierro no se mezcla con la loza.

En tiempos de estos reyes, Dios hará surgir un Reino indestructible. Nunca pasará a otras manos. Pulverizará y destruirá a todos estos otros reinos y él permanecerá eternamente. Es el significado de la piedra, la cual viste desprenderse del monte sin ayuda de ninguna mano. Redujo a polvo el hierro, el bronce, la loza, la plata y el oro.

El Dios grande te ha revelado el porvenir. ¡ Ése fue tu sueño !, ¡ y ésta la interpretación !, de eso, ¡ ya estás seguro !.

El rey aseguraba, como tantos otros reyes, Faraónes y emperadores, admirar la grandeza de nuestro Dios. El tiempo y el poder les hace olvidar no solo a los gobernantes, sino también a los gobernados y se alejan y pierden esa relación. 

Sólo se requiere disposición, determinación. Ablandar nuestros corazones y dejarnos gobernar por El Que Es, Por eso la piedra del sueño del rey destruirá toda riqueza humana, y será cubierta por el polvo de esa gran montaña esparcida por toda la tierra, y entonces habrá un reino indestructible, el cual deberemos pedir a nuestro padre, así como pedimos el pan y el perdón de nuestras faltas.

Han pasado muchos años y a lo largo de mi vida en palacio me tocó presenciar inumerables pérdidas de consciencia de nuestros reyes, luchaban por ser grandes, trataban de quitarse el yugo de la verdad impuesta. Inumerables veces caian vencidos por el poder divino, se arrepentían, se acercaban a Dios, pero el poder humano los corrompía y caían de nuevo. Finalmente cayó Babilonia y perdieron para siempre su gran poder.

Hoy somos gobernados por Ciro, antes de su llegada algunos de nuestros hermanos huyeron y seguirán esparciendo su semilla en otros reinos. Babilonia fué conquistada por el ejercito Persa y estamos por regresar a reconstruir nuestra ciudad y nuestro templo. Espero no sea reconstruido de piedra. Ya formamos parte de ese reino prometido, es tiempo de reconocer a ese rey interior nuestro, el cual  habita en su templo y ese templo se encuentra dentro de nuestros corazones.

Los reinos representados por los diferentes metales de la estatua del sueño son esa gran diversidad de pensamientos. La piedra al caer los hizo polvo. La montaña de tierra finalmente los unió sin importar si eran de oro, plata, bronce, hierro o tierra. Esa diversidad representa una gran montaña unida y gobernada por un rey eterno, cuando eso suceda, estaremos finalmente gozando del reino representado en el edén,  ese jardín en la mente de El Que Es, ese lugar donde nos encontramos antes de la creación y al cual todos estamos invitados a participar, cuando seamos uno en él.

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