La reconstrucción

Cuando Jerusalén fue arrasada por Nabucodonosor, las familias sobrevivientes fueron dispersadas y la ciudad permaneció en ruinas y abandonada. Algunos de nuestros familiares habían permanecido escondidos desde la caida de nuestro reino del norte, cuando los Asirios nos dispersaron. Dichos hombres fueron saliendo de sus escondrijos y al ver la ciudad abandonada, la comenzaron a repoblar.

Unos años más tarde, volvieron desde Babilonia algunas familias decendientes de Judá guiados por Zorobabel. Encontraron Jerusalen convertida en ruinas, habitada por un poco más de mil personas, entre ellas mis familiares. Los Persas facilitaron la reconstrucción y, aunque no recuperó su grandeza, los descendientes de Judá lograron reconstruir el templo. Platicaba mi padre como el Rey Ciro era considerado como un enviado de Dios. Le agradecian su gran apoyo y el de su pueblo para reconstruir nuestra nación.

Al llevar a cabo la reconstrucción del templo, el pueblo entero esperaba la manifestación de aprobación de El Que Es. Pero eso no sucedía. Los ancianos lloraban, creían indigna esa nueva casa. No representaba la grandeza del pasado ni ofrecía esperanza de un mejor futuro. Los habitantes de la ciudad tratron de ofrecer ayuda, pero, cuenta mi padre: esos primeros descendientes de Judá eran muy necios y fuimos rechazados, no nos querían. Aseguraban no eramos dignos de compartir el templo con ellos. Sólo queremos ayudar, les decian mis parientes, pero su ego era enorme y no lo permitieron. Según las profecias, éstos sucesos nos unirían, pero sucedió lo contrario y el rechazo nos desunió. Comenzó una lucha ganada por los decendientes de Judá, quienes, apoyados por los Persas, despojaron a nuestros familiares de sus escasas posesiones. Con el tiempo, de forma casi imperceptible, regresaron mis familiares a la ciudad y se mezclaron para finalmente vivir en paz, al menos por un tiempo.

Unos años más tarde llegó otro grupo de Babilonia, esta vez los dirigía Esdras, un conocedor de la Torá enviado por el Rey Persa Artajerjes. A su arribo impuso la  ley escrita y quiso hacer una gran transformación basado en ella. Nuestros antepasados vieron con esperanza la llegada de éste grupo, conocían la misericordia de El Que Es. Pero muy poco después de su arribo, el nuevo líder se disgustó al ver como sus hermanos del primer grupo habian unido sus vidas a nuestras familias consideradas  gentiles entre los decendientes de Judá. De nuevo hubo disputas, quería disolver nuestros matrimonios imponiendo la ley de la Torá, decía. Pero su propuesta desoia a los profetas. Quería además expulsar a las mujeres divorciadas y a sus niños. Muy pocos obedecieron, estos líderes actuan con la ley en la mano interpretada sin el consejo divino.

Finalmente llega otro grupo desde Babilonia, éste último encabezado por un oficial del Rey Persa perteneciente a la casa de Judá, de nombre Nehemías. La ciudad no había sido fortificada, por lo cual solicitó al Rey permiso y apoyo para hacerlo. Éste lo envía acompañado del último grupo de personas y toda la ayuda material requerida. Según el profeta Zacarías, la ciudad no debía ser fortificada, El Que Es la rodearía y protegería. Personas de todas las naciones llegarían a unirse con los israelitas por lo cual la ciudad no requiere muros. El pueblo trata de disuadir a Nehemias y esperan detenga su obra, pero éste no escucha y fortifica  Jerusalén. Impone su Ley atacando a sus habitantes diciendo: ellos no deberán participar de esa ciudad en donde habitan.

Al concluir estas disputas, se unen Esdras y Nehemías. Quieren renovar al pueblo: organizan un festival para enseñar la Torá y concluye con un festejo de siete días. El septimo celebran, para concluir, la magnífica fiesta de los tabernáculos originada por Moises. Nos recuerda la fidelidad del pueblo durante ese duro viaje por el desierto. En ella se pide perdon por nuestras fallas y nos comprometemos a renovar ese pacto para cumplir sus mandamientos. Todo parece ir muy bien, estamos felices, fue un gran momento de esperanza, por fin El Que Es debía manifestarse. Pero no.

Es necesario vivir el pacto, abrir nuestro corazon. En lo material hemos sido descuidados y eso se refleja en nuestro templo. Trabajabamos incluso los dias para santificar al señor, no lo respetamos, los muros recién construidos se vuelven un mercado. Esto enfurece a Nehemias quien procede golpeando a las personas y exije cumplan la Ley escrita. No entiende: eso no se puede obligar, se debe invitar a la gente a actuar con amor, a festejar, participar de las ceremonias con respeto. No tenemos fé, queremos El Que Es se manifieste de alguna forma espectacular y eso no va a ocurrir. Es menester buscarlo en nuestro corazón, pero parece de piedra. Si no fuesemos ciegos, lo percibiriamos en todo momento, pero no sabemos ver ni escuchar. Han pasado 3,600 años desde nuestros primeros padres y seguimos nuestro proceso de gestación.

Cómo lo predijo Daniel: cayeron los babilonios, después los persas fuerón conquistados por Alejandro Magno, quién visitó Jerusalen. Cuando muere, el imperio se divide, su sucesor, Ptolomeo, toma prisioneros a algunos ciudadanos y los lleva como esclavos. Su sucesor los libera. La historia se repite, parece rutina, no sabemos vivir en paz, no comprendemos el plan maestro del cual participamos de la mano de El Que Es. 

Alejandro había fundado en Egipto una ciudad con su nombre. Sus sucesores buscan recopilar, clasificar y almacenar libros. Es en esa época, cuando algunos decendientes de Judá, bien organizados, se mudan y habitan varias ciudades:  Faiyum, Heracleopolis, Leontopolis y otras. En Alejandría es donde la Torá se traduce al Griego por esos eruditos de Judá. Reconocidos incluso porque tenían sinagogas ya en ésa época. Tenemos un respiro y Jerusalen vuelve a prosperar por un tiempo.

Algunos años más tarde, nos conquistan los Selúcidas. Intentamos protestar y eso conduce a un clima candente, cuando eso sucede, algo sorprendente debilita a dicho reino. Son atacados por unos jinetes feroces venidos de oriente, conocidos como los Partos. Eso reduce sus fuerzas militares, nuestros lideres se dan cuenta y aprovechan uniendose las familias mas importantes de Jerusalen. Algunos miembros de mi familia en ese entonces se encontraban en la ciudad de Modin, ubicada al oeste de la ciudad y era dirigida por Matatias, de familia sacerdotal, quien unos años antes había iniciado una lucha contra el Rey Antíoco IV. En su lecho de muerte Judas, su hijo, fue designado por su padre como su sucesor en esa lucha, conocida ahora como la revuelta de los Macabeos, por ser encabezada por Judas Macabeo.

Las familias de Jerusalen buscan a Judas y se unen a su lucha. Culmina con un reino independiente comandado por una clase sacerdotal decendiente de Judá y se conoce como los Hasmoneos.

A Judas lo suceden dos hermanos, posteriormente los hijos de Simon, el segundo de ellos. Son sacerdotes y líderes militares. Conquistan territorios durante 100 años, formando de nuevo el reino de Israel, ahora bajo el nombre de Judea, por haberse separado del resto de los pueblos de ese reino.

Aparentemente  la gloria de nuestro pueblo estaba por volver, esa gloria humana de conquista y dominación estaba dando frutos. Fué entonces, platica mi padre, cuando comenzaron a llegar noticias de un nuevo pueblo dominante mediante la guerra, el cual se acercaba peligrosamente a nuestras tierras. Llegaban historias de cómo el reino Selúcida había sido tomado por piratas, verdaderos ladrones de las riquezas del Mediterraneo y para detener dichos embates, ese pueblo proveniente de la ciudad de Roma, había enviado a sus ejércitos, dirigidos por un general implacable de nombre Pompeyo. Dicho ejército combatió y acabó con los piratas. 

Mi padre era muy joven aún. Recuerda en esa época la terrible situación de luchas hacia el interior de nuestras fronteras. Mi familia se había trasladado de nuevo a Jerusalen. Mi abuelo platicaba cómo dos de los sacerdotes Macabeos querían ser rey. Ambos luchaban buscando seguidores, peleando dentro de la ciudad. Un grupo de Fariseos estaba harto de dichos encuentros y no querían ser dirigidos por ninguno de esos dos bandos. Mi padre recuerda cuando Aristóbulo, el primero de los hermanos, se habia acercado a pedir al general mediase entre ellos. Sin saberlo, su hermano y los fariseos habían hecho ya esa misma petición a Pompeyo. Al notar como al general no le interesaba negociar, Aristobulo reunió a su ejército y se atrevió a enfrentarse al general y sus ejércitos. Eso provocó la ira del poderoso romano, quien comanda a sus ejércitos y nos ataca. Mi padre y varios hombres se defendieron desde las murallas hasta nuestra rendición. El General entonces se metió al templo y rasgó el velo. Esperabamos el peor de los desenlaces, pero Pompeyo nos respetó. Después de la lucha mandó reparar los daños, pero ya había profanado nuestro templo. No nos acordamos de El Que Es en todo este proceso, no lo teníamos presente. Estabamos preocupados por nuestras riquezas, nuestro oro, nuestro templo, ¿quienes seríamos sin eso?, nos preguntábamos. 

Platica mi padre como después de ser dominados durante algún tiempo, vivimos desunidos, nuestros líderes se dedicaron a luchar por el poder. También los romanos vivian terribles disputas y por momentos parecían quitarles la hegemonía. 

De la nada surge Herodes, hijo de Antípatro, oficial edomita (decendientes de Esaú), hermano mayor de Jacob. Además fué educado en la religión Judía por su madre, Cipros. De origen nabateo, descendientes de Ismael, medio hermano de Isaac, ambos hijos de Abraham. Para nosotros y principalmente para los decendientes de Judá se dice: alguien con ese linaje, no puede ser nuestro rey. 

Herodes, politico muy astuto, a sus 25 años, fue nombrado Gobernador de Galilea por los romanos, apenas 6 años más tarde, es nombrado Tetrarca junto con su hermano Fasael y ambos toman las funciones del entonces Rey Hircano II, decendiente de los Macabeos, pero su sobrino Antigono se une a los Partos, enemigos de Roma y recupera su reinado, Herodes convence y pide apoyo a Marco Antonio, ofreciendo conservar leales a Roma, todas las provincias Israelitas. Éste acude al Senado y de manera inesperada lo nombra Rey.

Herodes de 35 años, no pretendía ser Rey, pero al ser nombrado decide conservar el título. Le presenta a Marco Antonio un magnifico plan para acabar definitivamente con los Partos. Esto le atrae la confianza de los romanos y así comienza ese reinado de paz y calma para nuestro reino.  Han pasado casi 40 años y desde entonces mi padre fue llamado a palacio en donde vivimos con mi familia. 

Herodes fue siempre sabio, platica mi padre. Cómo Salomón, buscó alianzas matrimoniales con los Hamonitas para afianzar su poder. Fundó una nueva dinastía herodiana, supo ganarse a los diferentes líderes romanos cuando luchaban entre sí. Aprovechó esas relaciones engrandeciendo el reino, y siempre buscó el apoyo de su pueblo: Decide entonces  engrandecer el templo, entrena a 1000 sacerdotes para ejecutar la obra sin detener los servicios religiosos. No puede dar gusto a todos, los fariseos están molestos porque desoye algunas de sus propuestas en dicha construcción y los saduceos porque aceptó incluir dentro del séquito de sacerdotes a algunos recien llegados del exilio desde Babilonia. Nuestro rey considera pueblo a todo aquel descendiente de Abraham, no hace distinciones, embellece y engrandece Jerusalén y hace un esfuerzo por ampliar y engrandecer nuestras ciudades y pueblos del norte. Eso trajo descontento entre los descendientes de Judá.

Ahora, en el ocaso de su vida se encuentra recluido en palacio, ya casi no puede caminar. El dolor se nota en sus elegantes facciones, trata de ocultarlo con maquillaje para atender a tres grandes dignatarios recién llegados del oriente, los cuales han sucitado gran alboroto y alegría en palacio. El rey me manda llamar y acudo a una sala, contigua al salón donde recibe a tan distinguidos personajes. Me dá la orden de acompañarles a Belén, donde aseguran vieron señales en el cielo, las cuales anuncian el nacimiento de un gran rey, al cual vienen a visitar. Deberé informar a Herodes sobre la visita y, de ser verdad lo del rey, hará un esfuerzo para él mismo acudir a visitarle. 

Me presento a esas personas amables para salir a Belén. Al llegar, en las afueras del pueblo, notamos un grupo muy numeroso de jovencitos y jovencitas rodeados de ovejas. Mis acompañantes no dudaron en absoluto, bajaron de sus cabalgaduras, toman sus regalos y se acercan. Yo los sigo. La experiencia fue maravillosa, era una bella, pero humilde granja de color blanco, la luz del sol la iluminaba, resplandecía y nos hacía percibir un palacio. El ambiente contagia Amor, Paz y Bienestar. Algo indescriptible venía de mi interior y me hacía gozar. Entramos al establo donde estaban los animales y alcancé a percibir cuando los Sabios se arrodillaron. Fue cuando noté su presencia, era un bebé recién nacido, su madre lo abrazaba y estaba acompañada de su esposo. El niño envuelto en pañales me sonreía. Los magos colocaron sus regalos a sus pies, llenando el lugar de oro. Ese regalo lo hacían porque ese niño era nuestro rey y su reino no era de este mundo, decía el primero de los sabios. El reinará para siempre en nuestros corazones. Entonces los tres encendieron el incienso para el hijo de Dios. Acto seguido tomaron la mirra y la esparcieron llenando ese hermoso lugar de un olor suave para disfrutar. El último de los sabios concluye y asegura: Él es hombre, nos mostrará el camino para hacernos sus hermanos y gozar de su reino.

Realmente sorprendido y emocionado me acerqué más cuando platicaban con sus padres bellisimas historias, comenzando cuando un angel se había aparecido a María, la madre del niño y le había anunciado tendría un hijo….

¡Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo asentado en tinieblas vio una gran luz, y a los habitantes en región y sombra de muerte, una luz les resplandeció. Mateo 4.

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