No es majestuoso ni especialmente bello, el Jordán es grande por sus recuerdos. Abraham lo franqueaba con sus rebaños antes de detenerse en Siquem. Moisés saludó desde su margen a la tierra prometida sin entrar a ella. No es apacible. Brota de las nieves del monte Hermón, se desliza a veces furioso, otras tranquilo. Baña algunas mesetas fértiles, otras desérticas. En su camino encuentra incluso volcanes apagados y se calma totalmente depués de cruzar el mar de Galilea y el mar de Sal. Es una barrera natural para dividir el mundo.
Es del lado oeste del río, en las tierras centrales de Canaan, donde vivo con mi familia. Fuimos llamados por Josué, nuestro líder, a pelear inumerables batallas para conquistar pueblos y ciudades habitados, y aunque estamos agotados y distraidos, creemos importante unificar el reino, no sabemos como vivir en paz.
Mi padre está contandome de esa maravillosa época de prosperidad y abundancia para nuestro pueblo en Egipto, nosotros eramos considerados egipcios por nuestra ascendencia de Efraín. El Que Es, dice mi padre, es muy exigente, és el único a quién adorar, durante el reinado del Faraón extranjero no admite a ninguno de los dioses de nuestro pueblo.
Pasado algún tiempo expulsan al Faraón cananeo y los egipcios recuperan su trono. Los sacerdotes y el nuevo Faraón convierten a nuestros hermanos israelitas en esclavos de la construcción, les quitan los privilegios a sus familias. A nosotros nos consideran egipcios, pero nos obligan a rendir culto a sus dioses. Era inminente, es la forma de esparcir nuestra semilla por la nación más importante del mediterráneo.
Ser esclavos es una gran lección. Nos fortalece para continuar la tarea encomendada a este aguerrido pueblo elegido del cual formo parte. Gracias a la esclavitud, nace el anhelo de libertad y eso nos une, nos dá un líder, un profeta, el primero y más importante después de nuestros patriarcas.
A Moises lo busca El Que Es y le pide guiar al pueblo a una nueva tierra prometida, para formar un reino de todas las familias con él. Egipto es entonces devastado por nueve plagas terribles, seguidas de la peor de todas, la décima, dice mi padre, por medio de la cual da muerte a todos los primogénitos no Hebreos, incluyendo animales, afectando al principe heredero y a los hijos de los esclavos.
Ésta plaga da inicio con un sacrificio de Sangre y alimento durante la cena, esa sangre deberá tomarse para pintar una marca en las puertas de los Hebreos y de nuestra familia egipcia y hebrea. Somos invitados a participar, nos consideran hermanos y nos muestran la marca para evitar la muerte de esos primeros hijos en nuestras familias. Es un golpe devastador para el Faraón y su familia, quién finalmente nos permite salir de Egipto para buscar esa tierra de esperanza. Llevan todas sus pertenencias, incluyendo animales y equipaje. Algunos de mi familia prefirieron quedarse.
Con tristeza, comenta mi padre: al paso de los siglos, siempre hemos sido un pueblo voluble, cuando elegimos alojar a El Que Es, nos esforzamos y al estabilizarnos lo vamos olvidando hasta comenzar a imponer nuestra ciencia y asi, sin más, decidimos de nuevo ser líderes para dominar, esclavizar y sin darnos cuenta, nos convertimos en esclavos de otros hombres más poderosos y del dinero.
Fuimos duramente probados en el Desierto, no sabemos si es peor estar sin país, sin hogar, a veces sin agua ni alimentos o haber seguido siendo esclavos en Egipto. Comienza ese trayecto y El Que Es hace una nueva Alianza con nosotros. Moises acampa en las faldas del Sinaí y acompaña a El Que Es para ayudarle a escribir las tablas de la ley. Habiendo concluido, baja del monte y nos encuentra haciendo sacrificios a otros dioses, se llena de ira y rompe su valiosa carga frente a nosotros.
El Que Es nos prueba una y otra vez, el desierto está lleno de dificultades. Seguimos adelante con la esperanza de llegar a la tierra de abundancia y apenas pasado poco tiempo, llegamos a ella. Moises manda a sus espías quienes reconocen a sus habitantes y, reportan haber encontrado un pueblo rico, lleno de Leche y Miel. Tenemos ese gran regalo, una tierra de abundancia, pero de nuevo dudamos, no nos sentimos capaces de cohabitarla. Para evadirse, algunos comienzan a hablar mal de esa tierra. Habiendo vencido al más poderoso ejercito, experimentado milagros increibles de la naturaleza, deciden no intentarlo.
Moises muere justo antes de cruzar el Jordán. Han transcurrido 40 años desde la salida de Egipto. Al pasar de ese tiempo, muchos de nuestros hermanos se separaron y dejaron sus creencias para mezclarse con otras culturas y seguir esparciendo sus semillas.
Llegamos a nuestros días, comenta mi padre. Hace algunos años comenzamos a conquistar y unir los territorios para dar forma al reino prometido. Es notorio en ésta historia como se devela el carácter del hombre siempre en un dilema, o se deja llevar por las luchas de poder, de conquista o, de la mano de El Que Es, prospera en paz entre los pueblos de la tierra. Ahora somos dirigidos por Él, los jueces lo representan. Podemos aún ver el fuego de amor encendido durante el éxodo y más aún cuando Josué nos dirige para unirnos y palmo a palmo conquistar ésta tierra a su lado.

